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Gestión social del conocimiento

Por Luis Carrizo

La vinculación del conocimiento con los asuntos públicos y estratégicos se encuentra atravesando transformaciones sustantivas en América Latina. El paisaje de los centros de producción de conocimiento sistematizado (universidades, centros de pensamiento, ONGs especializadas) −cada día más complejo y diverso− se tiñe con los colores de la demanda social hacia el conocimiento, en términos de afianzar derechos y mejorar calidad de vida.

Se trata de interrogarse acerca de cómo construir conocimiento socialmente pertinente y técnicamente riguroso, a la vez que comunicable y útil a los distintos agentes involucrados, así como a la sociedad en su conjunto.

¿Cómo concibe y promueve nuestra sociedad la producción de conocimiento? ¿Cuál es el uso que de él se hace, tanto en el debate político sobre los grandes temas del desarrollo, como en el diálogo social y la participación en esos asuntos?

La gestión social del conocimiento –su producción, su apropiación y su uso– no es un tema nuevo, aunque sí cada vez más urgente y necesario. La denominada “sociedad del conocimiento” se sostiene realmente sobre la capacidad de apropiación social del conocimiento, con actores capaces de orientar su uso pertinente en asuntos de interés común para la producción y el desarrollo sostenible. No tan sólo como receptores, sino también como generadores de conocimiento, adaptándolo a situaciones particulares y entornos locales. La gestión social del conocimiento debe leerse, fundamentalmente, en clave de mayor democracia, participación, apropiación y pertinencia.

En el contexto actual y de manera creciente el conocimiento se produce y se aplica en entornos híbridos, involucrando a diversos colectivos en la consideración y resolución de problemas específicos. Se trata de una renovada visión del conocimiento −con menos claustro y más ágora− exigida tanto por las vertiginosas transformaciones sociales y su complejidad creciente, como por los avances de las TIC y su capacidad de incidir en los destinos comunes −como hemos visto ya en este curso, el uso de las TIC constituye una estrategia imprescindible para la mayor democratización y equidad.

Ya en el Módulo 1 nos hemos preguntado ¿qué hacemos con lo que sabemos?, y esa pregunta sigue viva. Ahora volvemos sobre ella, desde otras ópticas, considerando su potencial democratizador y de fortalecimiento ciudadano y político, y explorando vías para su mayor y mejor utilización. En su prólogo al libro de Fred Carden Del conocimiento a la política, la respetada Carol Weiss dice que hay ciertos supuestos que se dan por obvios −con mucho optimismo−, como los que señalan que los decisores han de prestar atención a las pruebas obtenidas por los investigadores, a fin de mejorar el calibre de las políticas que promulgan. Y agrega que algunos de los primeros defensores de la política basada en evidencia (evidence-based policy) retrocedieron a la política influida por la evidencia, y más adelante reconocieron el valor de la aún menos ambiciosa política inspirada por la evidencia. Como señala la propia Weiss (y Carden lo expresa también en sus contribuciones en este curso), una perspectiva alternativa es la que ella denomina iluminación (enlightenment), de efectos menos inmediatos, y más orientada a un cambio en las políticas como resultado de cambios en la percepción. En un diálogo con Stephen Dale, Weiss explica: Lo que he llamado “enlightenment” perfora viejos mitos, ofrece nuevas perspectivas, y cambia la prioridad de los asuntos. La investigación también construye capacidades. Se trata de una influencia de largo aliento, que incrementa las capacidades de los investigadores, de las instituciones o de los países.

En este sentido −mucho más rizomático, disperso y a largo plazo−, el uso del conocimiento (que puede incidir en políticas, percepciones y democratización ciudadana), sigue siendo un capital decisivo para enfrentar las desigualdades. Y las estrategias para su utilización pueden ser tan diversas como los ámbitos de actuación, las formas de incidencia y la multiplicidad de canales de comunicación.

Y cuando hablamos de la trilogía conocimiento-política-sociedad, en la actualidad también estamos rozando la tensión entre tecnocracia y democracia. En efecto, la creciente complejidad de los asuntos públicos comenzó a reclamar otras dimensiones a ser tomadas en cuenta, además de la pura racionalidad de vocación instrumentalista. Otro tipo de conocimiento es requerido, otros saberes ciudadanos son convocados: para comprender mejor la realidad y actuar sobre ella de forma pertinente. Se deben considerar, también, elementos de interacción social, cultura y valores. (Cfr. El conocimiento y la construcción de los problemas de política.)

En cualquier caso, ya sea para informar políticas, para fortalecer democracia, para planificar acciones, para iluminar derechos y contrarrestar inequidades, el papel del conocimiento surge como la clave del siglo XXI. Y, también, la gestión social del conocimiento, para que nadie quede atrás.

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This article is from the free online course:

Desigualdades en América Latina y el Caribe: Investigación, Políticas y Gestión para las Transformaciones Sociales

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