La historia de Isabel: Expectativas sobre la maternidad.

Isabel Blanco, tiene 40 años y es madre de dos hijas una de 2 años y otra de 3 meses.

Yo quería ser la madre perfecta desde que me enteré que esperaba mi primer bebé. En esos momentos de maternidad la tenía idealizada en la cabeza. Lo tenía todo muy claro, me había documentado con miles de artículos de pediatras, matronas, psicólogos, había visualizado cientos de videos de youtube sobre el embarazo; pensé que estaba preparada hasta que llegó nuestra hija al mundo y llegó la realidad.

Después de un parto estupendo y una hija sana y preciosa, llegaron los famosos entuertos, la incontinencia urinaria, la perdida de cabello, una regla de casi un mes, una infección de orina con fiebre muy alta, unas grietas en los pechos y sobre todo el dolor por los puntos de la episiotomía. Si a esto le sumas la presión tener la casa estupenda para las visitas, la comida casera equilibrada para pasarle a través de la lactancia los mejores nutrientes al bebé, bajar los 22 kilos que había engordado durante el embarazo y prepararme para reincorporarme al trabajo fuera de casa, el postparto se me hizo cuesta arriba.

Yo pensaba que, si había podido sacar una carrera universitaria trabajando a la vez, como no iba a poder con una criatura tan deseada. Pero no, los llantos del bebé te desbordan. Te enfrentas en esos momentos a situaciones, experiencias, dudas que no sabias que existían, acompañados de una tremenda falta de sueño, un cansancio enorme y las hormonas haciendo de las suyas en un cuerpo muy sensible y desbordado por las circunstancias. Los hijos te cambian la vida, eso está claro. Después, en función de las expectativas que nos hubiéramos generado, los recursos, condiciones laborales, el apoyo que una tiene, te afecta más o menos a tu vida.

Después de dos años llegó nuestra segunda hija y todo lo anterior me parecía maravilloso. Siento que todo era más sencillo cuando sólo era madre de una niña. No es que fuese más difícil. Con dos bebés, una de dos años y otra de 3 meses, con necesidades distintas, no te puedes volcar con las dos por igual y hace que te sientas culpable.

Quieres estar con las dos por igual. Quieres llevarlas al parque, pero lo ves imposible porque una en carrito y otra que quiere correr para investigar y explorar todo lo que hay a su alrededor lo hace imposible. Quieres hacer manualidades, leer cuentos, dar paseos, ir a la piscina… pero no llegas a todo. Cuando no llegas a lo que quieres, te frustras y te culpas de no hacerlo bien. Una empieza a percibirse sin las capacidades necesarias para ejercer como tal de acuerdo con los propios modelos idealizados. Y empiezas a compararte con las demás madres que conoces. Ellas pueden con todo y tu no.

Y si a este sentimiento le añades la lactancia en tándem con mis dos hijas (a las dos a la vez), la lejanía de la familia que imposibilita poder delegar en familiares el cuidado de las niñas para poder descansar un poco y no poder contar con tu pareja para la crianza por tener que trabajar largas jornadas laborales, el agotamiento es tremendo.

Genera mucho estrés, por muy tranquila que seas. Tienes una nueva responsabilidad de cuidar a un bebe indefenso y de educarlo, la carga del trabajo fuera de casas, las relaciones sociales que en mi caso he tenido que dejar un poco apartadas por la situación, llevar una casa adelante con lo que eso implica (comidas saludables, plancha, lavar, baño de las niñas…). Para nada cumple las expectativas que me había imaginado y que había visualizado en las redes.

En estas, los influencers comparten su vivencia de la maternidad, pero de forma idílica, sólo lo bonito. Enseñan las mejores fotos, situaciones, generan unas expectativas que nada tiene que ver con mi propia realidad. En la vida real, hay cansancio, pelos despeinados, camas sin hacer, cocinas sucias y desordenadas, ropa para planchar en montañas, juguetes por el suelo de toda la casa, ropa con manchas de papilla de frutas…Tienes unas expectativas, te imaginas como ocurrirán las cosas desde el embarazo por todo lo que vemos en las redes y después te encuentras con un caos real, un desorden en nuestras vidas. Lo que vemos en las redes no es un reflejo de la realidad ni tiene que dictar como debe ser la nuestra, porque no es real.

Mi consejo sería que habría que priorizar lo que realmente importa de verdad, aunque no llegues a todo. Si llegamos tarde a la guardería, ya no me importa, los niños son niños y no pueden entender el tema de las prisas para hacer todo. Si no va a extraescolares, no pasa nada; sino puedo hacerles una papilla de frutas y le tengo que dar un batido de chocolate o un potito, pues no pasa nada; sino puedo bañarles todos los días, si estoy cansada y no tengo ganas de recoger, cocinar o lavar…NO PASA NADA…Creo que hay que dejar de exigirse tanto, abandonar la rigidez y ser más flexible. Hay que aceptar que no todo puede hacerse siempre y que no todo lo tienes que hacer tú y no todo tiene que hacerse perfecto. La casa no tiene que estar siempre perfecta, no tiene que salir en ninguna revista de decoración, la casa es para vivirla y disfrutarla. Si la casa no está arreglada y en condiciones para las visitas, mi solución es quedar en una cafetería y así dejaras de tener esa presión por tenerlo todo impoluto. Mientras los hijos tengan las necesidades cubiertas, todo lo demás se hará en la medida que se pueda y sino habrá que conformarse de que esto será así durante un largo tiempo.

El postparto es difícil, sí, pero todo vuelve a la normalidad, el bebé comenzará a dormir durante horas, se acabarán los cólicos, las grietas y los puntos se secarán y no habrá más dolor, y las preocupaciones agobiantes se esfumarán al igual que las tristezas profundas. Sé que no soy la madre perfecta que me propuse ser, que intenté ser. Pero oye echo la vista atrás y pienso que no lo he hecho tan mal. Que probablemente podría haberlo hecho mejor, seguro. Pero que desde luego he intentado hacer lo mejor posible, aun habiéndome equivocado.

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La Salud de la Mujeres en el Postparto

Trinity College Dublin