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La búsqueda de medir la adicción a los alimentos

En este artículo seguimos describiendo los enfoques para medir e identificar la adicción a la comida, desde el punto de vista psicológico y biológico
© Università di Torino

Medir un concepto, o una entidad, es crucial para entenderlo plenamente.

No es de extrañar que los científicos hayan intentado medir la adicción a los alimentos, ya sea en términos de sus correlaciones cerebrales o de comportamientos.

Existen algunas preguntas que precisan respuesta: ¿son las correlaciones neurobiológicas de las adicciones a los alimentos similares a las de otras adicciones? ¿Se encuentran estos resultados tanto en humanos como en animales? ¿Son las medidas psicológicas y conductuales en humanos capaces de identificar la adicción a los alimentos y distinguirlos de otros fenómenos?

En el último artículo de esta semana, analizaremos algunos enfoques y lo que encontraron los estudios que los adoptaron.

Medidas biológicas de la adicción a los alimentos

Durante muchos años, los neurobiólogos han intentado identificar y medir los marcadores biológicos de la adicción en modelos animales.

Por ejemplo, las concentraciones anormalmente altas de una proteína específica, llamada Delta FosB, en las neuronas dopaminérgicas del núcleo accumbens, parecen ser suficientes para provocar los síntomas de adicción. La medición de la concentración de Delta FosB y las alteraciones de los neurotransmisores en las zonas de recompensa podrían demostrar que los alimentos ricos en azúcares o grasas pueden comportarse como sustancias «adictivas». Algunos estudios sobre animales (como Peter Olausson y otros, 2006, o Wallace y otros, 2008), encontraron resultados que apuntan en esa dirección, pero, a partir de 2018, no estamos al tanto de estudios que señalen inequívocamente altos niveles de esta proteína en el cerebro de los humanos que exhiben rasgos de adicción a los alimentos.

¿Qué hay del estudio que citamos en el último vídeo y, en general, de los estudios de neuroimagen? Este tipo de estudio puede detectar cambios en el volumen o en la estructura del cerebro a una escala relativamente grande. Los estudios de IRMf pueden investigar la actividad de las áreas cerebrales, pero tienen una resolución espacial de unos pocos milímetros. Las estructuras más pequeñas no se pueden ver claramente o en absoluto. Esto no significa que los estudios de IRM no resulten útiles, pero sí que deben estar respaldados por otro tipo de pruebas si desean “traducir” con precisión a los humanos los resultados obtenidos en modelos animales.

Medidas psicológicas de la adicción a los alimentos

Para medir la adicción como el comportamiento en humanos, los científicos han ideado herramientas como la YFAS, o Yale Food Addiction Scale.

La Escala de Adicción a los Alimentos de Yale, la YFAS, es un instrumento retrospectivo de autoevaluación, lo que significa que las personas dependen de su memoria y sus creencias para completar la información requerida, no hay otra persona que los evalúe.

Este enfoque tiene sus propias ventajas: el cuestionario resulta fácil de gestionar, es rápido y se puede utilizar fácilmente en la investigación. Los estudios que lo emplearon determinaron que, por ejemplo, las personas con mayores niveles de adicción a los alimentos declarados por los propios encuestados tenían índices de masa corporal más altos y consumían alimentos con mayor densidad energética, como los dulces (Kirrilly y cols., 2015).

Las puntuaciones en la Escala de Adicción a los Alimentos de Yale también se correlacionan con los atracones y con la alimentación emocional, un concepto que presentará el profesor Stroebele-Benschop la próxima semana.

La Escala de Adicción a los Alimentos de Yale y herramientas similares pueden ayudarnos a identificar a quienes, con sus comportamientos, sugieren una adicción a los alimentos. Se han validado como herramientas de investigación y podrían ser útiles para diseñar tratamientos psicológicos y psicoterapéuticos adaptados al individuo.

Pero debemos tener cuidado: en las mismas palabras de los autores, “la Escala de Adicción a los Alimentos de Yale no es prueba suficiente de la existencia de la adicción a los alimentos” (Meule y Gearhardt, 2014), pero “facilita una herramienta estandarizada para identificar a las personas con mayores probabilidades de experimentar una respuesta adictiva a los alimentos”. (ibidem)

La Escala de Adicción a los Alimentos de Yale – y sus instrucciones de puntuación – se pueden encontrar aquí, junto con sus instrucciones de puntuación (ambas únicamente disponibles en inglés).

Le pedimos dedicar un momento a leerlo y reflexionar sobre las preguntas que plantea antes de continuar con el siguiente paso.

© Università di Torino
This article is from the free online

Alimentación: la relación entre la comida, el intestino y el cerebro

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