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¿Qué bacterias habitan en nuestro intestino?

En este artículo, describiremos con más detalle qué bacterias viven en nuestro estómago e intestino.

Lactobacilos, bifidobacterias, estafilococos… ¿qué son?

Nuestra microbiota intestinal está compuesta por diferentes especies de bacterias y todas compiten por los mismos recursos: alimentos y “espacio vital”. Algunas de estas bacterias generan productos metabólicos que en realidad “ayudan” a nuestro cuerpo, mientras que otras pueden ocasionar daños.

Incluso en personas sanas, las “bacterias buenas” no abarcan la totalidad de los microbios que habitan en nuestro intestino. Además, distintas partes de nuestro sistema digestivo contienen diferentes bacterias, ya que las condiciones ambientales varían considerablemente.

El estómago consta de un ambiente muy desfavorable para los organismos extraños, debido a su acidez y a la presencia de enzimas digestivas. A pesar de eso, alberga una vasta comunidad de distintas bacterias. Algunas de ellas se mencionaron en los vídeos anteriores: la filum Proteobacteria, Firmicutes, Actinobacteria y Bacteroidetes. Estos filos incluyen cientos de especies diferentes que se pueden encontrar en el intestino, donde existe una marcada falta de homogeneidad espacial de su distribución.

Además, la microbiota estomacal no es estática: cada día ingerimos más de diez mil millones de nuevas bacterias, que pueden pertenecer o no a la misma especie de las que ya conviven con nosotros.

Sin embargo, una de las bacterias que se encuentran habitualmente en el estómago tiene un nombre muy conocido incluso fuera de la comunidad de investigadores: Helicobacter pylori. Si ser huésped de esta bacteria pudiera considerarse una enfermedad, ¡casi la mitad del mundo estaría enfermo! Pero, ¿puede considerarse únicamente como una bacteria patógena?

La respuesta es tal vez. Esta bacteria es contagiosa y está relacionada con numerosas patologías del tracto gastrointestinal superior, como la gastritis y las úlceras pépticas, además de con un mayor riesgo de cáncer. Sin embargo, tener esta bacteria en nuestro estómago no constituye una enfermedad en sí misma, y en muchas personas, encuentra un ambiente nicho en el estómago sin provocar patología alguna. De hecho, las pruebas para detectar la presencia de esta bacteria no se realizan de forma rutinaria y las terapias para eliminarla suelen iniciarse solo cuando surgen otros síntomas.

Además, algunos académicos como Martin Blaser, director del Programa de Microbioma Humano de la Universidad de Nueva York, creen que la Helicobacter pylori podría desempeñar un papel útil, por ejemplo, ayudando a regular la acidez del estómago, y que su erradicación podría empeorar condiciones como la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

¿Qué sucede en el intestino grueso y delgado?

El intestino delgado contiene una población microbiana relativamente menos diversa, y la diversidad parece aumentar a medida que avanzamos hacia el sistema digestivo inferior. Podemos encontrar bacteroidetes, así como otras bacterias que no usan oxígeno – anaerobias. Algunas de estas bacterias son el estreptococo, el clostridium y las enterobacterias.

En el intestino grueso, podemos encontrar una microbiota muy diversa, compuesta por miles de bacterias diferentes. Al igual que en las partes anteriores del tracto gastrointestinal, podemos encontrar bacteroidetes, así como firmicutes.

¿Qué sucede con otras bacterias conocidas por sus propiedades patógenas o porque están incluidas en suplementos probióticos? Los lactobacilos, las bifidobacterias y un patógeno conocido, el estafilococo áureo, están presentes en concentraciones relativamente importantes.

Otra bacteria que se puede encontrar en el intestino y que a menudo está relacionada con las contaminaciones alimentarias y las retiradas por seguridad es la Escherichia coli. Sin embargo, no todas las cepas de esta bacteria causan síntomas gastrointestinales: muchas cepas son inofensivas, y realmente pueden ayudarnos, sintetizando vitaminas, como la vitamina K2, que luego podemos absorber y usar.

Conocer el nombre de un filo o género bacteriano contenido en un alimento o suplemento a menudo no es suficiente para determinar si nos resultará útil o incluso si sobrevivirá en nuestro sistema digestivo.
Los estudios suelen especificar la cepa exacta de las bacterias que se encuentran en un determinado grupo de sujetos o que se utilizan en una determinada intervención.

Dada la gran variabilidad existente en nuestro estómago, extraer generalizaciones demasiado amplias puede conducir a engaño y dirigirnos hacia alimentos o suplementos cuya eficacia no está demostrada.

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