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Patrones de alimentación históricos

Antes de poder alimentarnos en la comodidad de los restaurantes, los humanos eran cazadores-recolectores.
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Antes de poder alimentarnos en la comodidad de los restaurantes, los humanos eran cazadores-recolectores. En definitiva, cazábamos animales y recolectábamos plantas silvestres y tubérculos.

Una de las grandes revoluciones fue el “descubrimiento” del fuego. Ese hecho resultó tan fundamental para la civilización humana que la mitología griega describe la intervención del propio Zeus para castigar a los humanos por robar esta creación indispensable.

¿Por qué cambió ese hecho el curso de la humanidad?

Por al menos tres razones:

  1. Permitió la esterilización de los alimentos, es decir, de la carne. Recuerde que empezamos a consumir cereales y verduras mucho después de la carne, porque antes tuvimos que esperar a la creación de la cerámica necesaria para hervirla.
  2. Mejoró la digestibilidad, liberando la energía metabólica que pasó de la digestión a la actividad cerebral. Tal vez sea una coincidencia, pero el tamaño del cerebro aumentó cuando empezamos a asar la carne en lugar de ingerirla cruda.
  3. Algunos historiadores señalan las propiedades hipnóticas del fuego, que instan a reunirse a su alrededor mientras esperan que se cocine la carne y, a su vez, datan el nacimiento de la filosofía en el momento del descubrimiento y manejo del fuego.

Nos establecimos hace unos 20.000 años (aunque algunos historiadores estiman 10.000) muy probablemente en el Creciente Fértil (la actual Asia Menor). Una interesante teoría postula que nos decidimos a cultivar cereales para luego fermentarlos.

Existen vestigios arqueológicos de que consumimos bebidas alcohólicas obtenidas de la fermentación del grano antes de llegar a comer cereales.

Inicio de la agricultura

Por supuesto, comenzamos a domesticar animales y almacenar cereales. En resumen, se inició la práctica de la agricultura y con ella nuestra forma moderna de comer. En consonancia con todo lo anterior, el filósofo francés Jean Jacques Rousseau planteó la hipótesis de que la civilización es el resultado de pasar de comer carne a cereales.

Según sus teorías, la agricultura coincidió con el nacimiento de la propiedad privada y la desigualdad, cuando empezamos arar la tierra, erigir vallas y criar animales para el consumo.

Primeros cambios en los patrones de alimentación

Desde el Creciente Fértil, los patrones alimenticios avanzaron a través de la cultura danubiana hasta llegar a una bifurcación. Un tipo de dieta continuó siendo bastante tradicional y puede localizarse en la zona griega. El otro segmento se trasladó al oeste, transitando por Sicilia, donde se enriqueció con otros alimentos.

El descubrimiento de América sacudió los patrones alimenticios de la mayoría de los países europeos. Esto se debe a que los exploradores trajeron alimentos como el tomate (que inicialmente se consideró veneno), el maíz, el azúcar, además de productos más “exóticos” como el café y el cacao (recuerde que el consumo del primero estuvo prohibido en Europa hasta que el papa Clemente VIII “bendijo” el grano de café y autorizó su uso en infusiones).

El té también llegó a Europa de la mano de la Compañía de las Indias Orientales y llegó a ser tan importante que la Guerra de Independencia de Estados Unidos dio comienzo precisamente lanzando cajas de té al mar, lo que a su vez dio forma al escenario político actual.

¿Qué hay de la tan comentada dieta mediterránea?

Lo que ahora se denomina “dieta mediterránea” aún puede encontrarse en algunas zonas de Grecia. Sin embargo, desde un punto de vista científico, el término “dieta mediterránea” se refiere a los hábitos alimenticios de los italianos del sur a finales de los años 50, cuando el ejército estadounidense destinó a Ancel Keys a un pequeño pueblo situado al sur de Nápoles.

Esta dieta, lamentablemente, está desapareciendo del área mediterránea a pesar de que la globalización la ha compartido por todo el mundo.

En el siguiente paso, compartiremos un vídeo que explora las tendencias de dieta actuales y futuras.

Autor: Dr. Francesco Visioli

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