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Las ENT y los patrones de alimentación

Las ENT son enfermedades no transmisibles que puedan afectar a cualquier persona, en cualquier lugar, independientemente de su edad o sexo.
© CSIC

Las ENT son enfermedades no transmisibles que puedan afectar a cualquier persona, en cualquier lugar, independientemente de su edad o sexo. Estas son, principalmente, enfermedades cardiovasculares (ECV), cánceres, enfermedades respiratorias crónicas y diabetes.

Reducir la contaminación del aire, el consumo de tabaco, la obesidad, la hipertensión, las dietas poco saludables, la inactividad física y el consumo nocivo de alcohol podría reducir en gran medida el riesgo de estas enfermedades. En 2016, las ENT fueron responsables del 71 % (41 millones) de las 57 millones de muertes que se produjeron a nivel mundial.

Las principales ENT responsables de estas muertes fueron las enfermedades cardiovasculares (ECV, 31 % de las muertes mundiales), los cánceres (16% de las muertes mundiales), las enfermedades respiratorias crónicas (7% de las muertes mundiales) y la diabetes (3 % de las muertes mundiales).

2 Figura 1: Mortalidad global (% del total de muertes), todas las edades, ambos sexos, 2016. WHO 2018

Recuerde que también puede encontrar todas las imágenes de este artículo en la sección Descargas, donde podrá hacer zoom para mejorar su comprensión.

Existen pruebas científicas sólidas de que los patrones de alimentación saludable se asocian a un menor riesgo de sufrir ECV, obesidad y diabetes tipo 2. Estas ENT pueden prevenirse adoptando opciones de estilo de vida saludables, como una dieta y actividad física correctas.

La obesidad es un importante factor de riesgo de la diabetes. El sobrepeso y la obesidad están asociados con un mayor riesgo de enfermedad o muerte por diabetes, ECV y varios tipos de cáncer al aumentar la presión arterial alta, el colesterol en sangre, la resistencia a la insulina y la inflamación, así como los niveles hormonales. Tanto la obesidad como la diabetes también se consideran pandemias del siglo 21.

Una dieta deficiente, definida por un grupo de riesgos alimentarios, es la principal causa de muerte y uno de los mayores contribuyentes de las ENT. De estos riesgos dietéticos, los más importantes son el bajo consumo de cereales integrales, el alto consumo de sodio o el bajo consumo de frutas, frutos secos y semillas o verduras.

2 Figura 2: Contribución del factor de riesgo a las muertes. Muertes mundiales por factor de riesgo para todas las edades, ambos sexos, 2017. BMJ 2019

Algunos componentes de los alimentos (fibra dietética, compuestos fenólicos, vitaminas, minerales, proteínas) que componen las verduras, frutas, cereales integrales, frijoles, frutos secos y semillas se consideran saludables. Otros componentes de los alimentos son perjudiciales cuando se consumen en grandes cantidades (por ejemplo: grasas saturadas, sodio, azúcares simples) y aumentan el riesgo de padecer ECV y diabetes.

Así, al aumentar la ingesta de alimentos con compuestos protectores y reducir la ingesta de alimentos perjudiciales, se puede reducir notablemente el riesgo de ENT.

La base de una dieta saludable para reducir el riesgo de ENT es la siguiente:

  1. Muchas verduras, vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas.
  2. Proteínas adecuadas de origen vegetal como alubias, lentejas, productos de soja, frutos secos y semillas.
  3. Los alimentos mínimamente procesados y los alimentos integrales son los protagonistas de una dieta saludable.
  4. Pocas grasas saturadas, azúcares añadidos y sodio.
  5. Alcanzar el equilibrio es importante para obtener los nutrientes necesarios sin consumir demasiadas calorías.

Algunas dietas específicas satisfacen los principios de una dieta saludable y muestran pruebas de la reducción del riesgo de sufrir ENT.

Se ha revelado que las ENT agravan el pronóstico de la COVID-19. Esta es la razón por la que la COVID-19 se considera ahora una “sindemia”. Un sindemia se define como una interacción sinérgica entre factores socioecológicos y biológicos, que deriva en resultados adversos para la salud.

Así, mantener una dieta saludable también es de gran importancia en caso de infección. En este contexto, la “inmunonutrición”, el potencial para modular la actividad del sistema inmunológico mediante intervenciones con nutrientes específicos, podría tener un importante papel preventivo al ayudar al organismo a luchar contra virus potencialmente letales, como el SARS-CoV-2.

Dietas compuestas principalmente de vegetales

Los ensayos clínicos y la investigación observacional indican que las dietas a base de plantas son adecuadas para prevenir el sobrepeso y la obesidad y promover la pérdida de peso. Las principales dietas vegetales son:

  • Vegana
  • Vegetariana
  • Flexitariana

Dietas regionales tradicionales

  • Dieta mediterránea. Diversos estudios han demostrado efectos positivos de la dieta mediterránea sobre factores de riesgo cardiovascular como la presión arterial, el índice de masa corporal (IMC) y los lípidos en sangre. Además, los estudios epidemiológicos indican la existencia de un vínculo real entre esta dieta y una menor incidencia de ENT y mortalidad.
  • Dieta nórdica. Esta dieta se asocia con mejoras en los factores de riesgo tanto de enfermedad cardiovascular como de diabetes tipo 2. En individuos hipercolesterolémicos, la dieta nórdica mejoró su perfil lipídico en sangre y la sensibilidad a la insulina, además de reducir la presión arterial.

Dietas para combatir las ENT

  • Dieta antiinflamatoria. Esta es esencialmente una dieta mediterránea con influencias asiáticas. No existen pruebas directas de los efectos de esta dieta. Sin embargo, numerosos estudios respaldan las propiedades promotoras de la salud de muchos de los componentes de esta dieta.
  • Dieta Ornish. Muy baja en grasas (10 % de calorías), carbohidratos refinados y proteínas animales. El programa Ornish completo promueve el ejercicio, la reducción del estrés y las relaciones sociales. Múltiples ensayos controlados aleatorios respaldan los efectos de este programa en la reducción de la aterosclerosis, la presión arterial y el colesterol.
  • Dieta DASH. La dieta “Enfoques dietéticos para detener la hipertensión” (DASH, por sus siglas en inglés) se desarrolló para reducir la presión arterial sin medicación. La dieta DASH ayuda a reducir los niveles de glucosa en sangre, los triglicéridos, el C-LDL y la resistencia a la insulina.
  • Dieta MIND. La dieta “Intervención mediterránea-DASH para el retraso neurodegenerativo” adopta lo mejor de ambas dietas para impulsar una correcta función cognitiva. Los estudios observacionales sugieren que la dieta MIND puede reducir el deterioro cognitivo y actualmente se está llevando a cabo un ensayo aleatorizado controlado para confirmar estos efectos terapéuticos.
  • Dieta Portfolio. Esta dieta vegana se centra en alimentos que reducen el colesterol (LDL). Se ha estudiado en ensayos controlados aleatorios en personas con colesterol alto y pacientes con diabetes tipo 2, y en ambos casos, los participantes que siguen la dieta Portfolio obtienen mejores resultados en comparación con los participantes que no lo hacen.
  • Dieta del programa TLC. El programa “Therapeutic Lifestyle Changes” (TLC) también tiene como objetivo reducir el colesterol alto. Diversos ensayos clínicos han demostrado una reducción del colesterol, los triglicéridos y el estrés oxidativo en los participantes que siguen esta dieta.

En resumen, las estrategias para lograr una salud global deben basarse en garantizar una nutrición suficiente, de calidad, segura, saludable y personalizada y en educar a la población en hábitos nutricionales saludables.

Una dieta saludable es la mejor medicina para reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles en todo el mundo. De hecho, la dieta también puede utilizarse como tratamiento para aliviar sus síntomas. Por ese motivo, los consumidores demandan dietas saludables para una salud sostenible.

¿Conoce alguna dieta que afirme ser buena para prevenir las ENT? Compártala aquí junto con pruebas que la respalden

Autores: Dra. Dolores del Castillo y Dra. Iriondo-DeHond

© CSIC
This article is from the free online

Nutrición para la salud y la sostenibilidad

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