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El eje intestino-cerebro: un caso práctico

La conexión entre el intestino y el cerebro: la relación es el microbioma
A picture describing the messaging of microbiota with intestinal cells.
© CSIC

¡Vibraciones intestinales!

*¿Qué es el “eje cerebro-intestino”? ¿Qué significa “instinto”? Interacción intestino-cerebro, ¿qué fue primero?**

La conexión entre el “intestino” y el “cerebro” a través del sistema nervioso, también conocido como eje intestino-cerebro. De hecho, como ya sabe, el intestino está altamente inervado con neuronas que constantemente envían señales al cerebro, y viceversa. Curiosamente, nuestra microbiota intestinal también puede “hacer uso” de esta vía. Lo hace mediante la producción de tipos específicos de moléculas, conocidas como neurotransmisores, capaces de activar las neuronas de este eje intestino-cerebro, como la serotonina o el GABA. Así, pueden influir en nuestra salud mental. La serotonina, por ejemplo, regula nuestro estado de ánimo pero… ¿puede imaginar que el 90 % de la serotonina la producen en nuestro intestino bacterias intestinales o la estimulación bacteriana de células intestinales específicas?

En la actualidad, diversos estudios indican que nuestros trastornos mentales, como los altos niveles de estrés, pueden afectar a la composición de nuestra microbiota intestinal, dando lugar a estados disbióticos. Del mismo modo, la composición de la microbiota intestinal parece ser capaz de modular de alguna forma este tipo de trastornos mentales; por ejemplo, haciéndonos más resistentes al estrés y al desarrollo de afecciones asociadas al estrés. Esto no es más que una interacción curiosa, ¡pero quién sabe qué fue primero! Si la gallina o el huevo…

Estrés y depresión

El estrés y la depresión son trastornos mentales con un gran efecto sobre nuestra sociedad actual, y a veces no se les otorga la importancia que merecen. Como ya hemos mencionado, existe una relación entre estos trastornos y nuestra microbiota intestinal, que en última instancia afecta a nuestra salud. Por ejemplo, los cambios producidos por el estrés en nuestra microbiota intestinal ocasionaron problemas en la regulación de las señales proinflamatorias, el metabolismo local de algunos neurotransmisores y la sobreactivación del eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal o HPA (comúnmente conocido como “eje del estrés”). Además, es importante señalar la edad a la que aparece este trastorno. La disbiosis provocada por el estrés al principio de la vida parece determinar el riesgo de desarrollar un comportamiento depresivo y ansiedad en roedores en la madurez.

Además, se ha demostrado que la depresión se asocia a una microbiota intestinal alterada, principalmente en su riqueza y diversidad. Como ejemplo, algunos investigadores observaron que al trasplantar la microbiota intestinal de pacientes sanos o deprimidos a ratones libres de gérmenes, los ratones con trasplantes fecales de pacientes deprimidos revelaron una conducta más depresiva y ansiosa que los ratones con trasplantes fecales de organismos sanos.

Ahora puede preguntarse: ¿cómo es posible medir estas cosas y efectos? Se han diseñado diferentes protocolos para modelar la depresión en animales de laboratorio. Algunos de ellos implican estrés agudo, mientras que otros consisten en estrés físico o social prolongado. Todos ellos procuran inducir el comportamiento depresivo y utilizan pruebas conductuales para evaluar los niveles de depresión y ansiedad. Por ejemplo, la prueba de natación forzada evalúa el comportamiento depresivo, mientras que la prueba de campo abierto evalúa la ansiedad. La prueba de preferencia de sacarosa evalúa la anhedonia (menos motivación para experimentar placer).

Tratamientos basados en la microbiota intestinal

El tratamiento principal de estos problemas se centra en el uso de antidepresivos. Sin embargo, algunos pacientes no responden a este medicamento. Afortunadamente, podríamos tener nuevas alternativas como los probióticos, que se han propuesto como terapias coadyuvantes en problemas como la depresión.

Diversos estudios en animales y seres humanos han demostrado que la administración de cepas bacterianas específicas, principalmente de los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus, contribuye a reducir los efectos negativos del estrés. Por este motivo, los investigadores han acuñado el término “psicobióticos” para definir cualquier sustancia, incluidas las bacterias vivas que, al ingerirse, tienen efectos psicológicos beneficiosos mediados por la microbiota intestinal. Actualmente, varios grupos de laboratorio especializados están inmersos en el desarrollo de terapias basadas en el microbioma para mejorar la depresión y la ansiedad provocadas por el estrés. Tal vez en el futuro podremos comernos un yogur para mejorar nuestro estado de ánimo.

© CSIC
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El microbioma humano

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