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This content is taken from the BSAC & European Wound Management Association's online course, Uso racional de antibióticos en el tratamiento de heridas. Join the course to learn more.

Selección de antimicrobianos tópicos

Una vez se ha diagnosticado una infección en una herida, es necesario seleccionar un antimicrobiano tópico para tratarla. En este artículo, la profesora Karen Ousey analiza la selección de antimicrobianos y cómo se debe aplicar el uso racional de los mismos.

El artículo de Lipsky sobre uso racional de antimicrobianos en el cuidado de las heridas es un informe de situación en el que afirma que el uso racional de antimicrobianos implica evitar la prescripción de antimicrobianos si no están indicados, es decir, cuando la herida no está infectada. También establece que, aunque las infecciones cutáneas y de las partes blandas son algunos de los casos en que se prescriben antimicrobianos con mayor frecuencia, no se han publicado muchas directrices sobre terapia probada con antimicrobianos para el tratamiento de las mismas. Tampoco hay directrices para pacientes con heridas infectadas, lo que resulta preocupante, puesto que son casos que vemos todos los días.


A la hora de elegir un antimicrobiano tópico, se debe hacer una evaluación completa del paciente para identificar la infección de la herida. Esto puede incluir hacer frotis y pedir pruebas de cultivos. Para elegir un apósito, deben tenerse en cuenta las condiciones óptimas para que la cicatrización sea rápida, así como la extensión, el dolor y el olor de la herida en cuestión.

Los factores que hay que considerar son:

  • Especificidad y eficacia del antimicrobiano: elegir el que resulte más efectivo para el tipo de infección.
  • Su citotoxicidad para las células humanas.
  • Su potencial para actuar sobre cepas resistentes.
  • Su alergenicidad (consulta las alergias del paciente en su historial).
  • La frecuencia de cambio del vendaje o los apósitos. No uses fórmulas de liberación prolongada para heridas que requieran cambiar el apósito con frecuencia. Los apósitos deben ponerse y quitarse sin provocar abrasión, para evitar más dolor.
  • Tamaño de la herida: necesitas un apósito que cubra las zonas perilesionales y que evite la maceración.
  • Localización de la herida: los apósitos deben ser flexibles. Si existe la posibilidad de que el apósito se caiga debido a la zona en la que está, se le debe comunicar al paciente.
  • Dolor. Los apósitos que no favorecen un ambiente húmedo y no adherente causan más dolor cuando se retiran. Se ha visto que las gasas provocan más dolor cuando se cambia el apósito.
  • Preferencias del paciente: la adhesión al tratamiento mejorará si el apósito es acorde con las necesidades del paciente.

Solo se deben prescribir antibióticos si la herida está infectada. Ambas terapias (con antibióticos o con apósitos con antimicrobianos) se deben revisar con regularidad. La duración del tratamiento con antibióticos suele ser de una o dos semanas para tratar infecciones de las partes blandas y de unas seis semanas para infecciones óseas. Puedes plantearte hacer una prueba de exposición de dos semanas o efectuar evaluaciones periódicas para saber si el tratamiento con antibióticos está teniendo efecto.

Esta selección debe implicar un equipo multidisciplinar: enfermeras especializadas en el cuidado de heridas, equipos de control y prevención de infecciones, microbiólogos, personal médico, farmacéuticos (y podólogos si la herida está localizada en un pie, ellos podrán aconsejar sobre los procedimientos de descarga). Además, el paciente también debería participar en la toma de decisiones, para asegurarnos de que esté satisfecho e informado en lo que respecta al tratamiento.


Tipos de antimicrobianos

Los antimicrobianos son agentes que matan microrganismos o que inhiben su crecimiento y proliferación. Incluyen los antibióticos (que actúan sobre dianas celulares específicas), antisépticos, desinfectantes y otras sustancias (que actúan sobre múltiples dianas celulares).

  • Clorhexidina.
  • Productos con yodo (cadexómero yodado o povidona yodada). Hay pruebas de que el yodo reduce el número de bacterias y mejora la cicatrización.
  • Productos con plata (sulfadiazina de plata y apósitos con plata). Se usan concretamente para determinadas quemaduras e injertos de piel, o como profilaxis para prevenir infecciones.

Lipsky vio, en 2016, que las pruebas microbiológicas para heridas no infectadas solo hacían falta cuando se necesita saber si hay colonización. Por ello, si el paciente no se siente bien, pero no hay signos ni síntomas de infección de la herida, probablemente no hay que prescribir antibióticos.


Ahora que has aprendido la definición de «infección de una herida», sus signos y síntomas y también cómo identificarla, diagnosticarla, tratarla y cómo elegir el antimicrobiano tópico adecuado, ha llegado el momento de demostrarlo. En tu práctica clínica, echa un vistazo a las normas y procedimientos locales relacionados con el uso racional de antibióticos y el tratamiento de las infecciones de las heridas. Asegúrate de que todo tu equipo es consciente de la importancia de este uso racional: comprueba que ya saben cómo actuar o enséñales tú. Todos los cuidados deben estar basados en pruebas y en investigaciones.

Puede que también los pacientes tengan que saber cómo se les está tratando la infección. Por ejemplo, qué indicios tienen que buscar cuando ya estén en casa, cómo mantener todo estéril o cómo lavarse las manos correctamente. Tal vez se necesiten más folletos informativos para asegurarnos de que se satisfacen todos los requerimientos.

Lee los artículos que encontrarás en la siguiente sección. Es fundamental que todos los profesionales sanitarios sean plenamente conscientes de la importancia del uso racional de antibióticos para evitar un futuro en el que los antibióticos hayan perdido su efecto y, por tanto, la imposibilidad de tratar infecciones.

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Uso racional de antibióticos en el tratamiento de heridas

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